Secretario Pompeo en Encuentro SelectUSA Investment Summit

Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.

SECRETARIO POMPEO: Gracias. Gracias, Gerry, y gracias al Club Económico de Detroit por recibirme. Es un gran placer estar hoy aquí con todos ustedes. Todo este asunto de Twitter allá arriba me pone muy nervioso. (Risas). Y que mi nombre se mencione en la misma frase junto a personas como Rusk, Kissinger y Shultz, me parece extraño, me hace sentirme humilde y me impulsa a hacer cada día mi trabajo de una manera que honre a nuestro país del mismo modo que lo hicieron todos ellos.

Antes de venir aquí, cuando el discurso se fijó originalmente, yo era el director de la CIA. Fue entonces cuando acepté la invitación. Por eso, mis comentarios eran sobre espionaje y economía. Volveré a hablar de ello más adelante. Pero hoy en día mi función es algo diferente, un poco más pública. Observarán que llevo el rojo de Michigan — no azul, ni verde, me puse la roja, un color neutro aquí, según tengo entendido. Lo mismo ocurre con mi familia entre el ejército y la armada, siempre voy de negro y dorado.

El presidente Trump indiscutiblemente entiende que para que poder lograr nuestros objetivos de política exterior necesitamos ser fuertes aquí en casa, que comunidades prósperas como esta de Detroit son una verdadera fuerza multiplicadora para nosotros en todo el mundo. Él sabe que la fuerza en exterior es imposible si se carece de fuerza en el país. Así que me entusiasma hablarles hoy de lo que hace el Departamento de Estado, cómo aportamos nuestro grano de arena en la creación de riqueza, cómo ayudamos a las empresas y las familias estadounidenses y, tal vez lo principal, por qué eso tiene importancia en el papel que hoy desempeño.

Ahora bien, sé que cuando me oyeron hablar ahora mismo sobre cómo vamos a ayudarlos — cuando alguien del Gobierno dice que está aquí para ayudarlos — , habrá habido algunos gestos de escepticismo. Lo entiendo. He trabajado en el sector privado, como ha mencionado Gerry, la mayor parte de mi vida — la mayor parte de mi vida adulta — . He dirigido dos pequeñas empresas. Eran empresas manufactureras. Pero antes de eso fui el empleado del mes en Baskin-Robbins dos veces. (Risas). Mi madre estaba muy orgullosa. Nadie más, pero mi madre, pensó que era muy ingenioso.

Las empresas que creamos dependían de una sólida base de clientes estadounidense y mundial. En primera empresa vendíamos recambios a Boeing, Gulfstream, Lockheed, Cessna y Raytheon — a todos los fabricantes de aviones — ; conseguimos hacerla crecer prácticamente desde cero hasta convertirla en una empresa de más de 100 millones de dólares al año, y cada una de esas empresas, a su vez, vendía sus productos en todo el mundo.

Aquellas personas que trabajaban conmigo allí, en Thayer Aerospace, eran verdaderos estadounidenses. Además del tiempo que pasaban ante el torno o en el taller, a menudo tenían un segundo empleo ordeñando en una granja o trabajando la tierra. Podría decir lo mismo de la empresa petrolífera que dirigí. Vendíamos piezas mecánicas, productos de acero, a los perforadores de pozos: bombas, ganchos giratorios y cosas por el estilo.

Hoy les cuento esa historia, esa parte de mi vida, porque es fundamental para mi idea de cómo debe contribuir el Departamento de Estado al logro de unos Estados Unidos fuertes y una política exterior fructífera. No es porque esté buscando trabajo. Ahora ya tengo suficiente trabajo, se lo aseguro. Pero quiero que sepan que considero que los elementos económicos de la labor del Departamento de Estado se notan menos, pero son tan importantes como el resto del trabajo.

La mayor parte del tiempo oyen hablar del Departamento de Estado, de nuestra labor en todo el mundo — en Corea del Norte, en Irán o en África — , pero en realidad la diplomacia económica, cuando se ha hecho bien, siempre ha ocupado un lugar central en la misión del Departamento de Estado.

Eso significa que empleamos el poder de los Estados Unidos, su potencia económica y su influencia en favor de sus intereses y para promover nuestros valores en todo el mundo. Si lo hacemos bien, regresará en prosperidad para nuestro país. Construimos relaciones que crean empleos, sostienen a las empresas estadounidenses y estimulan el crecimiento económico aquí en casa. Hacemos también todo lo posible para denunciar los comportamientos económicos injustos y derribar las barreras de entrada a los mercados a fin de que nuestras empresas tengan oportunidades equitativas y recíprocas para vender en los mercados de todo el mundo.

Lo hacemos desde hace mucho. Usted mencionó tres grandes nombres. El secretario de Estado Thomas Jefferson escribió en 1790 que para él fue primordial proteger el comercio estadounidense en el Mediterráneo, y señaló que nuestro comercio se veía afectado porque los piratas norteafricanos estaban atacando nuestras naves comerciales. Hoy el problema es bastante diferente, pero el robo de nuestros productos sigue siendo un reto central para los Estados Unidos.

En la actualidad tenemos más de 200 funcionarios en nuestra Oficina Económica y 1.500 funcionarios de economía trabajando en embajadas de todo el mundo. Cada una de esas personas tiene la tarea de garantizar que sigamos teniendo la economía más sólida y más dinámica del todo el mundo. Esperamos poder ayudarlos también de esa forma. Cuando viajan por el mundo, damos la bienvenida a los visitantes. Compartimos con ellos nuestra opinión sobre cómo trabajar allí. También los ayudamos a superar las dificultades normativas que existen en esos países. En efecto, nuestra tarea es ayudar a las empresas estadounidenses a que tengan la oportunidad de tener éxito en todo el mundo.

Y tenemos compañeros del Servicio de Comercio Exterior del Departamento de Comercio que también hacen este mismo trabajo. Espero sinceramente que aprovechen este recurso que ustedes, los contribuyentes estadounidenses, han proporcionado.

Tenemos un buen ejemplo que hoy está aquí en esta sala con nosotros. Nuestra embajada en Nicaragua, conjuntamente con el Departamento de Comercio, trabaja con asociados locales, Flex Building Systems — conocí a algunos de los que están allá atrás — , una empresa de Michigan que produce casas prefabricadas. Estamos orgullosos de trabajar con Flex. Han proporcionado soluciones rápidas y económicas en materia de vivienda a raíz de una serie de desastres naturales, y han ayudado a construir escuelas, clínicas y hospitales en zonas remotas de América Central, el Caribe y África. Me alegro de que estén hoy aquí. Es un buen ejemplo de que el Departamento de Estado trabaja codo a codo con los empresarios para resolver problemas y crear riqueza aquí en los Estados Unidos.

Si lo hacemos bien, la diplomacia económica también fortalece nuestra seguridad nacional. La estrategia del presidente Trump afirma que la seguridad económica equivale, de hecho, a la seguridad nacional. Son, según lo describió, sinónimas. Garantizar que cada uno de ustedes tenga la oportunidad de hacer lo que mejor sabe hacer es fundamental para — sostener la* — para crear la prosperidad que apuntala nuestra seguridad y nuestras libertades.

La diplomacia económica también refuerza nuestras alianzas en todo el mundo. Lo comprobé cuando dirigía mis dos pequeñas empresas. El mundo sabe que la economía estadounidense es la más grande, la más influyente y, francamente, la más innovadora del planeta. Es la envidia de nuestros aliados y nuestros adversarios. El poder económico es una de las herramientas más importantes, uno de los mayores títulos de credibilidad que tengo cuando que viajo el mundo. Sin él mi ventaja sería mucho menor. Nos permite impulsar a nuestros aliados para lograr objetivos comunes y mantener nuestros compromisos con ellos.

Y nuestro equipo en el gobierno Trump está comprometido con la diplomacia económica. He hablado de ello con el presidente muchas veces. La primera misión, me recuerda siempre, es crear empleos y generar riqueza aquí en los Estados Unidos. Pero para lograrlo tenemos que participar en la escena internacional. Pero antes de referirme a eso, quiero hablar del récord interno que hemos conseguido en unos 17 meses: casi 3 millones puestos de trabajo, más de 300.000 en la industria manufacturera — algo que era importante para mí y para esta gran ciudad — y también más de 300.000 nuevos puestos de trabajo en la construcción; el desempleo más bajo desde abril de 2000; y por cada nueva regulación, nos hemos deshecho de 22. Esto ayuda a los cultivadores de cerezas, a los fabricantes de automóviles de aquí de Michigan, a los productores de energía de lugares como Kansas y, francamente, a todos los empleadores. Y las reducciones de impuestos han dejado 3,2 billones de dólares en sus manos y no en las del Gobierno. El 67% de los estadounidenses ahora creen que es un buen momento para encontrar trabajo. En la actualidad hay más puestos de trabajo disponibles que personas que buscan trabajo. Necesitamos seguir aumentando los puestos de trabajo y creando una fuerza de trabajo que les dé apoyo.

Aquí mismo, en Detroit, los he oído a todos ustedes hablar de esta expansión económica. Se refieren a ella como un renacimiento, como una renovación que está teniendo lugar aquí en Detroit. Deberían estar orgullosos. Creemos que está ocurriendo en todo el país, y vemos datos que apoyan esa creencia. Pensamos que es importante para las empresas, pero aún más importante para los hombres y las mujeres de que hablaban, que ahora inician una nueva etapa, que pronto saldrán en busca de un trabajo de verano o de su primer trabajo en un comercio tras terminar la escuela secundaria, o con el título universitario bajo el brazo en busca de empleo aquí en los Estados Unidos. En el Departamento de Estado tenemos la obligación de crear oportunidades para ellos.

He recorrido la larga lista de logros del presidente porque lo que hago todos los días los complementa. Ninguno de ellos constituyó una iniciativa central del Departamento de Estado. Pero sé que si todos ustedes no tienen la oportunidad de vender productos en el exterior y de comprar componentes también en el exterior, ese crecimiento disminuirá; simplemente, no podemos permitir que eso suceda. Con 21 de billones de dólares de deuda, el crecimiento económico que necesitamos para mantener nuestro estilo de vida es enorme.

Pero debo decirles que también he visto esto. Lo veo en mi puesto actual y lo he visto también en mi anterior cargo como director de la CIA. Este carácter dinámico de nuestra economía constituye una lección. Es una lección para otros Gobiernos del mundo. Nuestro modelo no es el modelo que se ha adoptado en muchos lugares. Francamente, algunas de las economías más exitosas hoy en día no han adoptado nuestro modelo, pero estoy seguro de que lo harán. Lo harán porque el capitalismo y el carácter dinámico de los Estados Unidos es esencial para el éxito económico. Puede que lo eviten un tiempo, pero a la larga el dinamismo, la creatividad y la innovación que generan solo pueden tener lugar en un entorno político como el nuestro, con equidad y oportunidades de éxito para todas las personas.

Quiero hablar de algunas de las formas en que el Departamento de Estado está implicado en esto. En primer lugar, estamos trabajando para mantener la soberanía estadounidense en la escena económica mundial. Si el Gobierno de los Estados Unidos no participa en un compromiso económico internacional sólido, perderemos lugares como China. Pero jamás podemos perder nuestra soberanía económica por hacerlo. La experiencia del Brexit — que está en curso — y de la Unión Europea nos demuestra que es difícil recuperar la independencia económica una vez que se abandonó. También muestra que las políticas económicas que centralizan el poder disminuyen la capacidad de creación de riqueza del mercado libre y el éxito tanto de los consumidores como de las empresas.

En segundo lugar, el Departamento de Estado tiene la responsabilidad primordial de garantizar que los mercados estén abiertos. Desde que asumimos nuestras funciones hemos obtenido numerosos logros en lo relativo a derribar barreras, pero queda mucho por hacer.

Por ejemplo, Corea del Sur ha aceptado permitir muchas más exportaciones de automóviles de los Estados Unidos — lo cual constituye desde hace mucho una prioridad para las Tres Grandes aquí en Detroit — y también está abordando otras preocupaciones sobre el acuerdo comercial entre los Estados Unidos y Corea. En Argentina hemos conseguido que vuelvan a abrir su mercado de carne porcina — que estaba cerrado desde 1992 — a los productores de los Estados Unidos. En general, estamos convencidos de que, si se trata de un producto americano, queremos que tenga acceso a los mercados; y de que cuando tengamos acceso a ellos, los estadounidenses aventajarán a sus competidores casi siempre.

En tercer lugar, estamos trabajando intensamente para atraer a los inversores internacionales a los Estados Unidos. Muchos de nosotros, incluida mi pequeña empresa, dependíamos de ellos. Como parte de nuestras iniciativas con Arabia Saudita, estamos procurando que inviertan más dinero en los Estados Unidos. Durante su primer viaje, el presidente consiguió miles de millones de dólares en nuevas inversiones del exterior en los Estados Unidos. Cuando llegue ese dinero, junto con él también obtendremos la inversión del sector privado de los Estados Unidos.

En cuarto lugar, capitalizaremos para los estadounidenses abundantes recursos energéticos. Constituye una enorme ventaja comparativa. Es de sentido común aprovechar esto y llevar a todo el mundo las abundantes reservas que ahora no solo hemos identificado, sino que hemos determinado cómo producir a un precio económico y competitivo. Ya lo hemos hecho en lugares como Dakota del Norte, Ohio, Pensilvania y muchos otros. Sin duda, el aumento de nuestras exportaciones es fundamental para nuestra seguridad. Si somos capaces de exportar a Europa, dejaremos atrás a Rusia. Si somos capaces de exportar a Asia, podemos hacer lo mismo con China.

Hemos visto los beneficios de la diplomacia energética; empresas como Cheniere que están exportando gas natural a más de dos docenas de países desde su puerto en Louisiana, lo que ha permitido la creación de cerca de 1.000 empleos directos y más de 100.000 puestos de trabajo indirectos.

También hemos proporcionado asistencia técnica a países que preferirían obtener productos energéticos de los Estados Unidos en lugar de los de otras naciones de las cuales pueden llegar a ser dependientes y que no utilizarían eso en beneficio de su país.

Por último, estamos adoptando una política muy dura ante las prácticas extranjeras que perjudican a los Estados Unidos. Tanto si amenazan nuestro liderazgo tecnológico a través del robo de propiedad intelectual como si fuerzan la transferencia de tecnología, estamos empeñados en proteger la propiedad estadounidense. Hoy todo el mundo sabe que China es el principal responsable. Es un nivel sin precedentes, un grado de latrocinio sin precedentes. Estuve con el presidente Xi el jueves por la noche. Le recordé que eso no es una competencia leal.

Los actores chinos también siguen llevando a cabo actividades cibernéticas, de modo que no solo están forzando la transferencia de tecnología o sustrayéndola por medio de un contrato, sino que están robándola directamente. Tenemos la enorme responsabilidad, todos nosotros, de trabajar para impedirlo.

La inversión china también es bienvenida en todo el mundo, pero debemos asegurarnos de que no viene acompañada de condiciones que permitan que China aventaje a nuestro mercado o nuestro comercio. Mientras mantengan su conducta, una conducta que las empresas estadounidenses jamás adoptarían, es decir, utilizar la inversión para ejercer influencia y control políticos ante las naciones rivales, la diplomacia estadounidense tiene la obligación de hacer todo lo posible para responder a ella.

Ya lo han visto con algunas de las decisiones del presidente Trump con respecto a los aranceles. Durante demasiado tiempo, los Estados Unidos han permitido que el marco de libre comercio se distorsione en favor de otros países. Recuerden que la prioridad de nuestra diplomacia son los trabajadores y las empresas estadounidenses.

Y no solo se trata de China. Presidente Trump ha dicho claramente que también es necesario reconsiderar a fondo las relaciones comerciales asimétricas con el G7. Deben reducir sus barreras comerciales; deben aceptar nuestras verduras, nuestra carne, nuestras frutas, nuestras máquinas. Estas son barreras no arancelarias que no deben existir si se quiere lograr un comercio libre y justo.

Esta idea de justicia es un principio moral sencillo. Como han visto en el G7, el presidente Trump dejó muy claro que estamos dispuestos a tener unos aranceles del 0% sobre todos los productos. Estamos dispuestos a eliminar todos los subsidios. Nos encantaría ver que las barreras no arancelarias se eliminan en su totalidad. Si todos los países lo hacen, nosotros también lo haremos, y tengo la seguridad de que eso hará crecer a los Estados Unidos.

Lo han visto también transmitir esta misma idea cuando se trata de la seguridad de nuestra nación. El presidente habla mucho de compartir la carga de la seguridad nacional. Lo ha hecho también en Corea del Norte, y hemos comprobado que nuestros aliados responden. La iniciativa que el presidente Trump tomó la semana pasada en Singapur no podría haber tenido lugar sin una diplomacia económica real. El presidente Trump congregó a todas las naciones del mundo a fin de presionar a Corea del Norte para que empezara a reexaminar su propia seguridad y a considerar su sistema de armas nucleares no como una manta de seguridad, sino como la única cosa que, de hecho, podría poner en peligro su liderazgo y su régimen. Fue un éxito de la diplomacia económica.

Aún queda mucho por hacer. Trabajaré mucho en eso en los próximos días y semanas. Pero ahora hemos fijado las condiciones para que el pueblo norcoreano también pueda tener éxito económico. Como dice el presidente, un futuro más brillante para Corea del Norte no se logra a expensas de nadie, sino que nos beneficia a todos.

Nuestro éxito se remonta muy atrás, tenemos una larga historia de éxitos. Nos olvidamos de cosas como el Plan Marshall. Dimos a Europa 110.000 millones de dólares — dólares de hace mucho tiempo — . Lo hicimos para prestar asistencia a nuestros aliados europeos cuando necesitaban ayuda. Pero ya han pasado 70 años desde aquello y debemos reevaluar cada una de esas relaciones para poder seguir teniendo un excelente comercio con Canadá y con Europa en los años venideros.

Si miran a su alrededor, verán a algunos que han criticado ciertos aranceles. Pero pregúntense: ¿Habría permitido China que los Estados Unidos le hicieran lo mismo que China había hecho a los Estados Unidos?

Pongamos por caso las industrias del aluminio y el acero. La producción de acero y aluminio de China supera en mucho la demanda interna. No quieren interrumpir la producción, y de ahí la exportación de esos productos. El exceso de producto llega aquí, a los Estados Unidos, a unos precios con los que las compañías estadounidenses no pueden competir.

Es una economía depredadora, y muchos otros países lo han reconocido. El presidente Trump está ahora trabajando para reequilibrar la balanza.

En las últimas semanas los líderes chinos han estado reclamando la apertura y la globalización, pero es una broma. Seamos claros: en la actualidad es el gobierno económico más depredador, y opera contra el resto del mundo. Es un problema que debería haberse abordado hace mucho.

Con respecto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y México, el presidente está trabajando mucho en esto. Estoy seguro de que lograremos acuerdos, acuerdos que serán buenos para México, un acuerdo que será bueno para Canadá, y acuerdos que serán maravillosos para los trabajadores estadounidenses. Las cosas han cambiado mucho en los 24 años transcurridos desde que el TLCAN se puso en marcha por primera vez, y nuestra meta es lograr un resultado que equilibre esa situación. Vamos a establecer unas condiciones de igualdad para la industria automotriz y otros sectores estadounidenses, incentivaremos la fabricación aquí y no allí.

Esto obviamente es muy importante para todos ustedes aquí en Michigan; representa el 23% de toda la producción automotriz. Nuestros equipos negociadores del TLCAN están trabajando estrechamente con nuestros homólogos mexicanos y canadienses, y tengo muchas esperanzas de que en las próximas semanas podremos anunciar acuerdos que, según creo, el mundo considerará significativamente mejores para la economía mundial. Soy optimista por naturaleza. Además, mi trabajo lo exige. Sé que ustedes también lo son.

Esta región, que albergó el Arsenal de la Democracia en la II Guerra Mundial, ha pasado por tiempos difíciles, y todavía queda nos un trecho por recorrer. Pero estamos presenciando este nuevo crecimiento; lo estamos viendo en todas las grandes ciudades de los Estados Unidos. En el gobierno Trump creemos en ustedes. Confiamos en que, si podemos ayudarlos a acceder a los mercados y a reequilibrar el comercio, la gente de Detroit tendrá éxito.

Finalizaré con esto: existe una oportunidad para cada pequeña empresa de los Estados Unidos. Existe la oportunidad de acceder a un lugar en el que nunca han estado, que nunca habían visto ni conocido. Estoy convencido de qué, si en el Departamento de Estado hacemos bien nuestro trabajo, ustedes también podrán hacerlo. Y lo harán de forma que los beneficie a ustedes, a su empresa y a su familia, lo cual es estupendo.

Pero lo más importante es que lo harán para quienes los rodean y para su comunidad. Eso es lo que, en el Departamento de Estado, nos impulsa cada día a dirigir el equipo económico de manera que la diplomacia estadounidense llegue a todo el mundo y la economía estadounidense siga siendo el faro del mundo, como lo ha sido durante todos estos años.

Gracias. Gracias por permitir mi presencia en el Club Económico de Detroit. Es verdaderamente un honor para mí estar con hoy ustedes, y estoy dispuesto a responder — solía decir que estaba dispuesto a responder cualquier cosa que me preguntaran, pero ahora digo «casi cualquier cosa» — . Muchas gracias. (Aplausos). Gracias.

SR. ANDERSON: Muy bien. Bien, señor secretario, nos han llegado algunas preguntas, tanto antes del discurso como durante él y, lo que no es de extrañar, dada la presencia de la industria automotriz en Detroit, como usted ha mencionado, y el hecho de que gran parte del comercio del país con Canadá atraviese nuestra frontera común aquí, se han formulado numerosas preguntas sobre negociaciones comerciales, aranceles y su repercusión en las relaciones. Por tanto, intentaría resumirlas preguntándole cuál es su perspectiva sobre la repercusión de las negociaciones comerciales y las imposiciones arancelarias en las relaciones con Canadá. Esa ha sido probablemente pregunta número uno, pero hay preguntas similares sobre nuestros aliados cercanos en Europa y sobre China.

SECRETARIO POMPEO: Estoy convencido — hablé con mi homóloga canadiense, Chrystia Freeland, el sábado por la mañana, y creo que ella está de acuerdo — , estoy convencido de que, cuando las negociaciones comerciales hayan concluido, habrá un mayor volumen — más dólares — y una mayor libertad de comercio entre los Estados Unidos y Canadá. Estoy plenamente convencido de ello. He visto el trabajo que se ha estado haciendo. Había algunas cosas que estaban fuera de lugar — y eso puede ser un artificio histórico o tal vez simplemente porque los tiempos cambian — algunas cosas que no se ajustaban al entorno actual. El presidente está decidido a corregirlas. Podría decir lo mismo en lo relativo a Europa y México. Podría ponerlos a todos en el mismo saco.

Pero creo que nuestras relaciones con esos países son mucho más que nuestras relaciones económicas con ellos. Cuando hablé con Chrystia, sin duda nos referimos a los aranceles y a las cosas que estaban más presentes en el pensamiento de todos, pero trabajamos codo a codo en Ucrania. Tienen gente que colabora con nosotros en Afganistán. Se ofreció a ayudarnos en nuestros esfuerzos en Corea del Norte. Los canadienses han desempeñado un papel increíblemente importante en eso. Diría lo mismo con respecto a los europeos y los mexicanos. Nuestra relación no se define solo por el comercio; por lo tanto, estoy muy seguro de que cuando se completen estas negociaciones comerciales, las relaciones históricas entre los Estados Unidos y Canadá y los Estados Unidos y nuestros aliados europeos continuarán de la misma manera que lo han hecho durante 70 años y pico con Europa.

SR. ANDERSON: Excelente. No es de extrañar que tengamos también una serie de preguntas relacionadas con la reciente cumbre con Corea del Norte, de modo que combinaré un par de ellas. ¿Una cumbre de seguimiento necesariamente desarrollará y consolidará los resultados de las recientes reuniones con Corea del Norte? ¿Y cuál es la perspectiva de los rusos y los chinos sobre el desarrollo de la relación de los Estados Unidos con Corea del Norte?

SECRETARIO POMPEO: Permítanme que primero responda la segunda pregunta. Cuando viajé a Beijing después de Singapur, hablé con mi homólogo ruso esta mañana a las 8:15 ET, y se alegran de que exista esta oportunidad. Es su patio trasero, después de todo. Hace mucho que ellos declaran que desean eliminar la amenaza de la proliferación, la amenaza nuclear en Corea del Norte, pero no existía una fuerza motriz que lo impulsara. Aunque sin duda nuestros intereses son divergentes en muchos aspectos, Rusia y China coinciden plenamente con nosotros en lo relativo a la oportunidad fundamental de replantear la manera en Corea del Norte piensa de sí misma y de su lugar en la comunidad de naciones,

En cuanto a si hará falta otra cumbre, es difícil saberlo. Queda mucho por hacer hasta entonces. Mi equipo ya lo está haciendo. Probablemente volveré antes de que pase demasiado tiempo. Queda mucho por hacer. Todavía tenemos que desmenuzar todo lo que subyace a los compromisos formulados ese día en Singapur. Estuve allí en la sala con el líder Kim. Era la tercera vez que me encontraba con él; dos veces en Pyongyang y ahora allí en Singapur. El líder Kim ha dejado muy claro su compromiso de desnuclearizar totalmente su país. Eso lo es todo, ¿verdad? No se trata solo de los sistemas armamentísticos, lo es todo. (Aplausos).

A cambio de eso, el presidente se ha comprometido a alterar el acuerdo de armisticio y proporcionar las garantías de seguridad que necesita el líder Kim. No sé si han tenido la oportunidad de ver el vídeo que el presidente Trump mostró al líder Kim ese día en la reunión, pero muestra lo que podría ser Corea del Norte: hermosas playas, un lugar maravilloso, próspero. Queda mucho por hacer para lograrlo, pero el presidente Trump está comprometido a cumplir también esa parte del trato. Si logramos las dos cosas de una manera armónica, habremos reducido una amenaza global que acosa a los Estados Unidos y a todo el mundo desde hace décadas.

SR. ANDERSON: Perfecto, muchas gracias. Cambiaré ahora de continente. África parece estar evolucionando y transformándose rápidamente; además, China está consolidando su presencia allí. El continente también tiene graves problemas con los grupos extremistas. Teniendo en cuenta todo esto, ¿qué papel pueden y deben desempeñar los Estados Unidos en el continente?

SECRETARIO POMPEO: De hecho, mi último viaje como director de la CIA fue a África. Viajé a seis países en aproximadamente el mismo número de días, enfrentándome a cada uno de esos problemas, francamente: el riesgo de al-Shabaab y Al Qaeda en el Magreb islámico; trabajando también en cuestiones económicas en otras partes de la región; y luego en Djibouti veo que los chinos están construyendo un puerto justo al lado de otro en perfecto estado, diseñado sin duda con el fin de que en última instancia sea una instalación militar china.

Así que cuando observo a África, veo dos retos. El primero es que, mientras el extremismo islámico amenace a los Estados Unidos, tenemos la obligación de erradicarlo y proteger nuestra patria. Pero el segundo es una oportunidad. Observo un enorme crecimiento económico. El crecimiento de la población, en términos porcentuales, será mayor que en cualquier otro lugar del mundo durante la próxima década o dos. El crecimiento económico se está quedando atrás, pero hay lugares donde creemos que podemos ayudarlos a avanzar rápidamente.

Como todos sabemos, los continentes sorprenden. Cuando tienen economías pequeñas, pueden crecer un 8%, un 10%, un 14% al año. Existen precedentes. Si podemos poner las piedras angulares que todos conocemos — el estado de derecho, los derechos de propiedad, algunas de las ideas centrales sobre cómo tiene lugar el crecimiento económico — confío en que este crecimiento se producirá siguiendo un modelo más parecido a occidental que al chino. Si nos fijamos en lo que China está haciendo allí, veremos que está entrando mucho dinero, pero esos líderes están siendo muy astutos. Ese dinero tiene un precio; saben que no se trata de comercio y mercados, sino de cobrarlo cuando llegue el momento de ejercer influencia política. Los líderes africanos lo saben, son totalmente conscientes de ello y están buscando alternativas. La presencia americana, no solo del Gobierno sino también la de ustedes, ofrece a la vez una oportunidad real de rendimiento del capital, de que obtengan beneficios de su inversión, y la posibilidad de lograr que los intereses de África estén mucho más en consonancia con los intereses de Occidente que con los de China.

SR. ANDERSON: Excelente. Bien, otra situación que ha estado en las noticias y sobre la cual le han preguntado tiene relación con Venezuela; la pregunta era: Venezuela sigue padeciendo enormes problemas, tanto económicos como políticos. ¿Existe allí algún camino viable?

SECRETARIO POMPEO: Es un gran reto. Durante los últimos 40 años se ha estado prediciendo que Venezuela sería el futuro gran éxito económico. De modo que yo no haré más predicciones, es muy arriesgado. El régimen de Maduro ha demostrado su tenacidad y su capacidad para mantenerse en el poder, causando un enorme sufrimiento al pueblo de Venezuela. Hemos hecho todo lo posible para permitir que América Central y del Sur tomaran la iniciativa en respuesta a esta crisis y hemos exhortado a Venezuela a retomar una situación que parece mucho más democrática que la actual. Hemos utilizado parte de nuestra capacidad de sanciones — la capacidad de sanciones económicas — para facilitarlo, y ese es probablemente el mejor papel que los Estados Unidos pueden desempeñar. Están exigiendo la regeneración de las instituciones democráticas y permitiendo que América Central y del Sur tomen la iniciativa en la respuesta a la crisis.

SR. ANDERSON: Diría que esta pregunta es más personal, más centrada en su papel. Ejerce su función actual desde hace un tiempo relativamente corto. ¿Ha habido alguna sorpresa? ¿Cómo compararía el reto de dirigir el Departamento de Estado con el de dirigir a la CIA?

SECRETARIO POMPEO: Sí, son totalmente diferentes. (Risas). Por empezar, cuando era director de la CIA nunca vi una cámara y me alegraba de ello (risas) por lo tanto, sí, es un papel muy diferente.

Son funciones totalmente diferentes. Sin embargo, el reto del liderazgo no es muy diferente. No es muy diferente del que afrontaba cuando dirigía Thayer Aerospace o Sentry International. Se trata de lograr que los miembros de una gran organización comprendan las intenciones de quien está al mando y a continuación darles la autoridad y el poder necesarios para hacer un excelente trabajo. He sido increíblemente afortunado en ambos lugares, en la CIA y ahora en el Departamento de Estado. Cuento con personas tremendamente capaces. Los Estados Unidos están enviando a algunos de sus mejores jóvenes a trabajar en esas instituciones. Les doy las gracias.

Mi labor como su líder es procurar que entiendan claramente lo que el presidente Trump está tratando de lograr, y a su vez, cómo trato de aplicar esos objetivos de política exterior del presidente. Y también eliminar la burocracia — que en una institución pública es un arte en sí mismo — a fin de empoderar a esas personas para que hagan un excelente trabajo en nombre de los Estados Unidos; que entiendan lo que tratamos de lograr y luego dejarlos que empleen todo su talento para conseguirlo. Por lo tanto, el reto de liderazgo no es diferente al que me enfrentaba cuando dirigía Thayer Aerospace. Era una organización mucho más pequeña que estas otras dos, pero que ofrecía ese espacio.

He hablado del otro elemento en el Departamento de Estado. Estamos presentes en todo el mundo, y el mundo observa cómo se comportan los Estados Unidos. Tuve la oportunidad de hablar con nuestro equipo de Seúl y de Beijing, además del de Singapur, y siempre les recuerdo a nuestros funcionarios que el mundo los observa. Tenemos políticas y hay cosas que estamos tratando de lograr, pero mientras hacemos esas tareas, el mundo observa nuestro comportamiento. ¿Decimos la verdad? ¿Nos comportamos cortésmente? ¿Tratamos a todos los seres humanos con la dignidad que se merecen? Estos son valores fundamentalmente estadounidenses, y si los aplicamos, el bien que hacemos al tratar de aplicar los valores e intereses de nuestro país en todo el mundo reportará el beneficio añadido de mostrar lo mejor de los Estados Unidos. Y francamente, mi función actual no es muy diferente de la que desempeñaba en la CIA, pero sí muy distinta de la que tenía en el sector privado.

SR. ANDERSON: Bueno, quizás concluiremos con una cuestión internacional más próxima a nuestro país, una pregunta sobre Cuba. Cuba tiene ahora el primer presidente en muchas décadas que no se apellida Castro. ¿Sigue pensando que nos acercaremos cada vez más a Cuba? ¿Cómo cree que evolucionará la relación?

SECRETARIO POMPEO: Es verdad; su apellido no es Castro. (Risas). Pero si nadie lo diría al observar sus políticas y planes. Por lo tanto, no veo cambios significativos en el Gobierno cubano. Dicho eso, sí creo que existe una importante oportunidad. Opino que, con el tiempo, su proximidad a los Estados Unidos, la naturaleza de las personas que viven allí… creo que a la larga estaremos mucho mejor situados en Cuba. La pregunta siempre ha sido la velocidad, cuándo se logrará y cuáles son las herramientas adecuadas para reforzarlo y aumentar las probabilidades de que ocurra. El presidente Trump dejó claro que quiere que lo hagamos, quiere que nos involucremos a fin de aumentar la capacidad de los cubanos de a pie para tener las mismas oportunidades que tenemos en los Estados Unidos, tanto las libertades económicas como las políticas. Por ahora todavía queda mucho por hacer.

SR. ANDERSON: Con eso daré por concluida la sesión de preguntas y respuestas, pero quiero terminar donde comencé, dándole las gracias por dedicar su tiempo en venir a Detroit. Su mensaje ha sido magnífico, y ha sido magnífico para nosotros poder escucharlo. Se lo agradezco. Muchas gracias.

SECRETARIO POMPEO: Muy bien. Muchas gracias. (Aplausos).